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| Bongo |
Cualquiera puede constatar que el yo (o la identidad) no
es imprescindible para la vida. Les pongo el caso de mi
perro. Por entrañable que sea el animalillo, no obstante mi perro no tiene un yo,
a la manera de los seres humanos. Como demuestra el hecho de que a él le es prácticamente
indiferente encontrarse ante un espejo. Yo no sé hasta qué punto el can se
reconoce a sí mismo, pero en todo caso es seguro que en esa circunstancia (en
el encuentro ante el gran espejo instalado en algunos ascensores, por ejemplo)
él, mi noble perro Bongo, no se dice a sí mismo: hoy me veo guapo, o bien, hay
que ver cómo pasan los años, etc., etc. Decididamente, mi perro ni goza, ni
tampoco sufre ese “Yo” (con mayúscula), esa regodeada identidad tan exclusivamente
propia del Homo sapiens sapiens.
Y hay otra cosa que también nos avisa sobre la futilidad
de la aparentemente imprescindible identidad, esto es: cuando uno duerme
profundamente, no hay ni yo ni identidad en absoluto. En eso consiste, precisamente,
el descanso. Es así, en el sueño profundo descansamos, qué sé yo, del orgullo,
de las más inamovibles convicciones o fes, de nuestras angustias y miedos, pero
también de nuestras nunca satisfechas ambiciones, y en definitiva descansamos, por
fin, de cualquier otra entretenida pre-ocupación mental por el estilo. Ya
después, al despertar, se “reinicia” el Yo, la Identidad. Como quien dice
reiniciar un ordenador, un teléfono móvil o cualquier otro aparato que necesite
de una programación preestablecida. ¿Se comprende? Que no estoy hablando de
vivir anestesiados, descerebrados, o sin personalidad alguna, eso sería
quitarle la mitad de la gracia a la vida. Precisamente al contrario, lo que conviene
es despertar, salir de la anestesia. Esto es, si me permite: ríase usted de su
yo, de su sagrada identidad. De vez en cuando al menos. Lo mismo es decir: no
se crea tan al pie de la letra, tan a rajatabla, tan sufridamente su “Identidad”,
su “Yo”, su “Nosotros”. Verá qué descanso, qué paz le sobrevendrá a usted mismo,
y ya no digamos a los demás que le rodean.Ramón García Durán © 2015
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| Mi perro, Bongo, preocupado por el futuro... |
"Volver", interpretado por Gardel,
tango preocupado en el pasado.
Animales y espejos: un tema interesante, pero no fácil.

