martes, 11 de agosto de 2015

¿Es imprescindible el yo, o la identidad? (Impromptu n.º 1)

Bongo
Cualquiera puede constatar que el yo (o la identidad) no es imprescindible para la vida. Les pongo el caso de mi perro. Por entrañable que sea el animalillo, no obstante mi perro no tiene un yo, a la manera de los seres humanos. Como demuestra el hecho de que a él le es prácticamente indiferente encontrarse ante un espejo. Yo no sé hasta qué punto el can se reconoce a sí mismo, pero en todo caso es seguro que en esa circunstancia (en el encuentro ante el gran espejo instalado en algunos ascensores, por ejemplo) él, mi noble perro Bongo, no se dice a sí mismo: hoy me veo guapo, o bien, hay que ver cómo pasan los años, etc., etc. Decididamente, mi perro ni goza, ni tampoco sufre ese “Yo” (con mayúscula), esa regodeada identidad tan exclusivamente propia del Homo sapiens sapiens.



Y hay otra cosa que también nos avisa sobre la futilidad de la aparentemente imprescindible identidad, esto es: cuando uno duerme profundamente, no hay ni yo ni identidad en absoluto. En eso consiste, precisamente, el descanso. Es así, en el sueño profundo descansamos, qué sé yo, del orgullo, de las más inamovibles convicciones o fes, de nuestras angustias y miedos, pero también de nuestras nunca satisfechas ambiciones, y en definitiva descansamos, por fin, de cualquier otra entretenida pre-ocupación mental por el estilo. Ya después, al despertar, se “reinicia” el Yo, la Identidad. Como quien dice reiniciar un ordenador, un teléfono móvil o cualquier otro aparato que necesite de una programación preestablecida. ¿Se comprende? Que no estoy hablando de vivir anestesiados, descerebrados, o sin personalidad alguna, eso sería quitarle la mitad de la gracia a la vida. Precisamente al contrario, lo que conviene es despertar, salir de la anestesia. Esto es, si me permite: ríase usted de su yo, de su sagrada identidad. De vez en cuando al menos. Lo mismo es decir: no se crea tan al pie de la letra, tan a rajatabla, tan sufridamente su “Identidad”, su “Yo”, su “Nosotros. Verá qué descanso, qué paz le sobrevendrá a usted mismo, y ya no digamos a los demás que le rodean.


Ramón García Durán © 2015


Mi perro, Bongo, preocupado por el futuro...



"Volver", interpretado por Gardel,
tango preocupado en el pasado.





Animales y espejos: un tema interesante, pero no fácil.