sábado, 3 de octubre de 2015

Sobre los “beneficios” de la meditación, o sobre la meditación a la americana


“No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.”

Jiddu Krishnamurti


Dice el refrán que el infierno está empedrado de buenas intencionesY es una grandísima verdad. Verdad o realidad que incluso ha afectado –lo cual ya es el colmo de la paradoja- al terreno de la espiritualidad o de la religiosidad. Piensen, por ejemplo, en aquella antigua institución, de infausta memoria, llamada Santa Inquisición: prueba evidente (entre otras) de que la mente humana, la más normal y corriente, puede llegar a enajenarse hasta el punto de interpretar al revés, justo en el sentido diametralmente opuesto, los consejos aportados por los más indiscutibles sabios. La meditación no se salva, por descontado, de esa conservadora tendencia psíquica que a los seres humanos nos impulsa a hacer agua de borrajas de todo lo que en origen fuera auténtico. Valgan las siguientes notas al respecto:

Detalle del infierno, según El Bosco
Empezando por decir que la meditación no podría ser nunca un producto de consumo, uno más de entre tantos disponibles en aras de ese bienestar del cual disfrutan, al parecer, nuestras más modernas y avanzadas sociedades. Pues téngase en cuenta que la meditación conlleva, al menos en un primer momento, una cierta incomodidad, un cierto malestar, si bien harto productivo: se trata de ese malestar, o mejor dicho, de esa molestia narcisista que acompaña necesariamente a cualquier verdadero “conócete a ti mismo”. Así, pues, la meditación no es tanto un ejercicio que “va bien” para esto o para aquello otro; que no voy a discutir ahora sus efectos saludables (con suerte y viento a favor, es cierto que la meditación puede llevarse por delante esos síntomas neuróticos, o sea netamente psíquicos, que más o menos a cualquiera le amargan la vida); pero más allá de sus efectos terapéuticos, la meditación es esencialmente una vía de acceso al más profundo re-conócete a ti mismo, del cual, no por nada, hablaban los antiguos sabios. No digo yo que esa sea toda la verdad y nada más que la verdad, pero sí es la incómoda verdad (para nuestro narcisismo, para nuestro ego) que no debe esconderse a nadie.

Más detalles del infierno
Bien mirado, en el fondo de todos esos malentendidos se encuentra una concepción excesivamente utilitarista de la meditación, la cual lleva a interpretarla, o a venderla como una especie de técnica anti-stress que nos aporta beneficios. Como por ejemplo, el rendir mejor en el trabajo, y cosas así de prácticas. Es el caso, sin ir más lejos, de lo que suele llamarse mindfulness (y que yo llamo, si se me permiten la afable broma, la meditación a la americana, o mejor dicho, a la estadounidense). Al respecto, hace poco leí, en una revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas publicada en los Estados Unidos de América, esta joya: En lo psicológico, los estudios han demostrado que incluso unas pocas sesiones de entrenamiento en la meditación de la atención plena [mindfulness] tienen significativos efectos positivos en la capacidad de concentración, así como en la autorregulación de las emociones, incluyendo la reducción del estrés, la disminución de la ansiedad, de la depresión, de la ira y la fatiga. De tal modo que es bueno para la salud: el mindfulness mejora el bienestar y aumenta el rendimiento.” A lo cual puede añadirse esta guinda, asimismo literal: “Si usted es un líder de la gente o un aspirante a serlo, convertirse en alguien más consciente podría llegar a ser justamente su arma secreta.”  Quién podría negar, a partir de ahí, que efectivamente el infierno está empedrado, etc.

Para compensar, uno de los rincones más bellos de 
El jardín de las delicias (Hieronymus Bosch)
Aunque ya me parece bien que los directivos de todas esas potentes multinacionales y todopoderosos bancos hayan abierto sus puertas a la “meditación”, al menos a la meditación según ellos; ya que por poco que se colara por ahí la genuina autenticidad de tal ejercicio, ¡esa podría ser la grieta a partir de la cual se arreglara el mundo! Pero aparte de bromas, supongo que ustedes ya van viendo que la meditación, lo que se dice la meditación, no puede ser eso, o sea un astuto método que nos facilite la “adaptación”, el seguidismo, o el acomodo sin reservas nada menos que a este mundo que nos está tocando vivir. En fin, que cada cual lo entienda a su manera, pero no hasta el punto de invertir hasta el absurdo las más nobles verdades.

Porque es precisamente al revés: la meditación, lejos de ser cosa acomodaticia, por el contrario es profundamente revolucionaria. En el más pacífico sentido, sí. Pero también en el más hondo significado de la palabra: la meditación es revolucionaria porque ella derroca al “régimen anterior”, porque depone o destrona lo que de verdad interesa ante todo destronar, esto es, nuestras psíquicas dictaduras, nuestros más íntimos edictos mentales, ante los cuales pagábamos sufrido y alienante tributo. No, la meditación no es un arma para que usted compita mejor -¡a quién se le pudo ocurrir tamaño disparate, tamaña perversión de la verdad!-, ni le ayudará a tener más éxito al menos en este tipo de vida que nos hacen vivir. De hecho, espero no defraudar a nadie por decir que la meditación es, sencillamente, una oportunidad para humanizarnos. Una buena ocasión para descubrir esa humana sensibilidad, humilde, pero muy clara, que nos permite darnos cuenta, hasta el fondo, de la pertinencia de las palabras del sabio, cuando valientemente se atrevió a decir: “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.”


Ramón García Durán © 2015



* Posdata: Es de justicia aclarar que mi crítica se refiere exclusivamente a las interpretaciones más confundidoras de la meditación, o a las derivaciones de talante más reaccionario -para decirlo más claro- que hoy podamos hallar bajo el nombre de Mindfulness. Otra cosa son los planteamientos que, encontrándose bajo la misma demasiado genérica denominación, no obstante a mi juicio son francamente plausibles (adecuación del ejercicio para personas que sufren dolor crónico, introducción de la meditación en las cárceles, etc.). De hecho, después de haber consultado lo realmente expuesto en algunos libros de Jon Kabat-Zinn (médico y biólogo estadounidense que primeramente acuñó la “marca” Mindfulness), no me extrañaría que él mismo se mostrara crítico, quizá, con algunas interpretaciones actuales de sus propuestas originarias. En todo caso, para aclarar definitivamente mi personal posición, quisiera por último compartir las palabras de Bhikkhu Bodhi, monje budista (¿quién mejor conocedor de estas cosas que un noble monje budista?) el cual un día tuvo a bien decir: Ausentes de crítica social aguda, las prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y estabilizar el statu quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo consumista. Yo mismo no podría haberlo dicho mejor en mi vida.




El entrañable Jiddu Krishnamurti, mecido por el viento...





La Lupe, otra auténtica, cantando con toda su alma
el precioso bolero "Puro teatro"...