Sobre los “beneficios” de la meditación, o sobre la meditación a la americana
“No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente
enferma.”
Jiddu Krishnamurti
Dice el refrán que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Y
es una grandísima verdad. Verdad o realidad que incluso ha afectado –lo cual ya
es el colmo de la paradoja- al terreno de la espiritualidad o de la
religiosidad. Piensen, por
ejemplo, en aquella antigua institución, de infausta memoria, llamada Santa Inquisición: prueba evidente (entre otras) de que la mente humana, la más
normal y corriente, puede llegar a enajenarse hasta el punto de interpretar al
revés, justo en el sentido diametralmente opuesto, los consejos aportados por los
más indiscutibles sabios. La meditación no se salva, por descontado, de esa conservadora
tendencia psíquica que a los seres humanos nos impulsa a hacer agua de borrajas
de todo lo que en origen fuera auténtico. Valgan las siguientes notas al
respecto:
Detalle del infierno, según El Bosco
Empezando por decir que la meditación no podría ser nunca
un producto de consumo, uno más de entre tantos disponibles en aras de ese
“bienestar” del cual disfrutan, al parecer, nuestras más modernas y avanzadas
sociedades. Pues téngase en cuenta que la meditación conlleva, al menos en un
primer momento, una cierta incomodidad, un cierto malestar, si bien harto
productivo: se trata de ese malestar, o mejor dicho, de esa molestia narcisista
que acompaña necesariamente a cualquier verdadero “conócete a ti mismo”. Así, pues, la meditación no es tanto un
ejercicio que “va bien” para esto o para aquello otro; que no voy a discutir ahora
sus efectos saludables (con suerte y viento a favor, es cierto que la
meditación puede llevarse por delante esos síntomas neuróticos, o sea netamente
psíquicos, que más o menos a cualquiera le amargan la vida); pero más allá de
sus efectos terapéuticos, la meditación es esencialmente una vía de acceso al
más profundo re-conócete a ti mismo, del
cual, no por nada, hablaban los antiguos sabios. No digo yo que esa sea toda la
verdad y nada más que la verdad, pero sí es la incómoda verdad (para nuestro
narcisismo, para nuestro ego) que no debe esconderseanadie.
Más detalles del infierno
Bien mirado, en el fondo de todos esos malentendidos
se encuentra una concepción excesivamente utilitarista de la meditación, la
cual lleva a interpretarla, o a venderla como una especie de técnica anti-stress
que nos aporta “beneficios”. Como por ejemplo, el rendir mejor en el trabajo, y
cosas así de prácticas. Es el caso, sin ir más lejos, de lo que suele llamarse “mindfulness”(y que yo llamo, si se me
permiten la afable broma, la meditación a la americana, o mejor dicho, a la
estadounidense). Al respecto, hace poco leí, en una revista especializada
en el mundo de los negocios y las finanzas publicada en los Estados Unidos de América, esta joya: “En lo psicológico, los estudios han demostrado que incluso unas pocas
sesiones de entrenamiento en la meditación de la atención plena [mindfulness]
tienen significativos efectos positivos en la capacidad de concentración, así
como en la autorregulación de las emociones, incluyendo la reducción del
estrés, la disminución de la ansiedad, de la depresión, de la ira y la fatiga.
De tal modo que es bueno para la salud: el mindfulness mejora el bienestar y
aumenta el rendimiento.” A lo cual puede añadirse esta guinda, asimismo
literal: “Si usted es un líder de la
gente o un aspirante a serlo, convertirse en alguien más consciente podría
llegar a ser justamente su arma secreta.” Quién podría negar, a partir de ahí, que
efectivamente el infierno está empedrado,
etc.
Para compensar, uno de los rincones más bellos de
El jardín de las delicias (Hieronymus Bosch)
Aunque ya me parece bien
que los directivos de todas esas potentes multinacionales y todopoderosos
bancos hayan abierto sus puertas a la “meditación”, al menos a la meditación
según ellos; ya que por poco que se colara por ahí la genuinaautenticidad de
tal ejercicio, ¡esa podría ser la grieta a partir de la cual se arreglara el
mundo! Pero aparte de bromas, supongo que ustedes ya van viendo que la
meditación, lo que se dice la meditación, no puede ser eso, o sea un astuto
método que nos facilite la “adaptación”, el seguidismo, o el acomodo sin
reservas nada menos que a este mundo que nos está tocando vivir. En fin, que
cada cual lo entienda a su manera, pero no hasta el punto de invertir hasta el
absurdo las más nobles verdades.
Porque es precisamente
al revés: la meditación, lejos de ser cosa acomodaticia, por el contrario es
profundamente revolucionaria. En el más pacífico sentido, sí. Pero también en
el más hondo significado de la palabra: la meditación es revolucionaria porque
ella derroca al “régimen
anterior”, porque depone o destrona lo que de verdad interesa ante todo
destronar, esto es, nuestras psíquicas dictaduras, nuestros más íntimos edictos
mentales, ante los cuales pagábamos sufrido y alienante tributo.No, la meditación no es un arma para que usted compita mejor -¡a quién se
le pudo ocurrir tamaño disparate, tamaña perversiónde la verdad!-, ni le
ayudará a tener más éxito al menos en este tipo de vida que nos hacen vivir. De
hecho, espero no defraudar a nadie por decir que la meditación es, sencillamente,
una oportunidad para humanizarnos. Una buena ocasión para descubrir esa humana
sensibilidad, humilde, pero muy clara, que nos permite darnos cuenta, hasta el
fondo, de la pertinencia de las palabras del sabio, cuando valientemente se
atrevió a decir: “No es signo de buena
salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.”
* Posdata: Es de justicia
aclarar que mi crítica se refiere exclusivamente a las interpretaciones más confundidoras
de la meditación, o a las derivaciones de talante más reaccionario -para
decirlo más claro- que hoy podamos hallar bajo el nombre de Mindfulness. Otra
cosa son los planteamientos que, encontrándose bajo la misma demasiado genérica
denominación, no obstante a mi juicio son francamente plausibles (adecuación
del ejercicio para personas que sufren dolor crónico, introducción de la
meditación en las cárceles, etc.). De hecho, después de haber consultado lo realmente
expuesto en algunos libros de Jon Kabat-Zinn (médico y biólogo estadounidense que
primeramente acuñó la “marca” Mindfulness), no me extrañaría que él mismo
se mostrara crítico, quizá, con algunas interpretaciones actuales de sus
propuestas originarias. En todo caso, para aclarar definitivamente mi personal posición,
quisiera por último compartir las palabras de Bhikkhu Bodhi, monje budista (¿quién mejor conocedor de estas cosas que un noble monje budista?)
el cual un día tuvo a bien decir: “Ausentes de crítica social aguda, las
prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y
estabilizar el statu quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo
consumista”. Yo mismo
no podría haberlo dicho mejor en mi vida.
El entrañable Jiddu Krishnamurti, mecido por el viento...
La Lupe, otra auténtica, cantando con toda su alma el precioso bolero "Puro teatro"...