En el principio no había nada.
No había espacio, tampoco había tiempo, porque esto era antes del tiempo. Por
casualidad hubo una fluctuación… nació una existencia rudimentaria… Cosas
extremadamente sencillas, salidas de la nada.
Cómo crear el mundo. Peter W.
Atkins
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| La pequeña capilla de Oberndorf, Austria, en memoria del célebre villancico Noche de Paz (Stille Nacht) |
Todo es bastante más sencillo de lo que imaginamos.
De hecho, si usted se da cuenta, la verdadera especialidad del hombre, aquello
que con diferencia el Homo sapiens
sabe hacer mejor, es complicarse la vida. A partir de lo cual llegamos a una
conclusión interesante, esta es, que el problema de la humanidad, antes de ser
político o económico, es esencialmente de orden psicológico. Y hasta que no
veamos eso con toda claridad, hasta que no lo aceptemos con inteligente
humildad, mientras no afrontemos con decisión (y a la vez con sumo cariño) esa
mirada interna siempre postergada (ser
humano, reconócete a ti mismo), no habrá manera: seguiremos mareando la perdiz con este o con aquel otro parche, seguiremos con nuestras buenas
intenciones, con las cuales volveremos a empedrar el mismo infierno de siempre;
seguiremos cambiando meramente los collares a los mismos perros, con idéntica
esperanza en no se sabe qué milagro; seguiremos, sin duda, en las mismas, pero
ya no por los siglos de los siglos, como suele decirse, pues no podría quedarle
tanto tiempo a una especie tan negadora, tan inconsciente, o por lo menos tan rematadamente
despistada como la nuestra.
Decididamente, nos complicamos la vida porque
nuestra mente es demasiado complicada. Simplifique usted, pues, su mente o
mentalidad, ese es el camino: simplifique o aligere al máximo su mente, esto
es, permita que de ella caiga (por su propio peso, por su propio absurdo) todo
lo sobrante, todos esos superabundantes pero completamente superfluos regodeos
mentales que constituyen la más “normal” y corriente alienación humana (o
dígase la más común insensibilidad del hombre), deje en el camino limpiamente,
generosamente, todo eso que, desde nuestra mente humana, nos impide la paz, la
paz para nosotros mismos, y para el mundo en general. Ese es el único camino, el
camino de la consciencia humanizada, y todo lo demás son cuentos.
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| Autógrafo de Noche de Paz, por el compositor de su música, Franz Xaver Gruber |
Pues si usted lo mira bien, esencialmente son dos
los elementos imprescindibles para la vida. Aparte de lo puramente físico
(aparte del ADN, de los aminoácidos, de las mitocondrias y todo eso), lo
verdaderamente indispensable para la vida humana son la paz, y el amor.
Precisamente las dos cosas de las que nos hablan los populares villancicos,
esos que todavía solemos escuchar, y quizás cantar en navidades. Y no, no es
cuestión de concretas adscripciones religiosas, ni tampoco se trata de
románticas tontadas. Al contrario, la verdadera tontería, la auténtica
alienación humana consiste en pensar (¡dejen ustedes de pensar tanto!) que la
paz y el amor son meras entelequias. Ese tipo de alegres convicciones son, ni
más ni menos, las que nos llevan directamente a la guerra. Por el contrario,
sepa usted que tanto la paz como el amor son realidades como puños, si se me
permite así decirlo. Pues si hablamos de la paz, quien tiene paz para sí mismo
sabe que ella es perfectamente posible. Y ahí está precisamente la clave, la
condición para que la paz del mundo sea posible es permitirnos antes la paz para
nosotros mismos, cada cual para sí mismo. No es fácil, lo sé, pero es nuestra
responsabilidad: observe su mente (no como el inquisidor, sino con todo su cariño),
y dese cuenta de que todo ese sufrimiento (no solo su melancolía, sino asimismo
su sufrida ambición) al final da vueltas sobre una pura nada. Usted no se lo
creerá, pero es así. Y no es una inhumanidad lo que le estoy diciendo ahora, al
contrario, es la puerta de la liberación. O mírelo si acaso de esta otra
manera: usted, o cualquiera, tiene el sagrado derecho de evitar que su mente le
engañe, de impedir que ella le tenga en un continuo brete, que le traiga frito,
que le reviente la vida, para decirlo ya del todo claro. Y en cuanto al amor,
como esa quizás sea, paradójicamente, la palabra más prostituida del diccionario,
yo prefiero usar el término compasión. ¿Cree usted que la compasión es asimismo
un imposible, que se trata meramente de otro cuento chino? Pues compruébelo
usted mismo: si usted observa los movimientos de su mente (con calma, sin
opinar nada al respecto, simplemente obsérvela, sin más), entonces tarde o
temprano se dará cuenta, para su sorpresa, de la inmensa trampa en la que estaba
encerrado. Y a partir de ahí verá lo que le ocurre a usted: su consciencia se
simplifica, se pacifica, se desprejuicia y se humaniza, e indefectiblemente se
hace compasiva. Porque en ese mismo instante, usted igualmente cayó en la cuenta de que los demás siguen en la misma trampa, en el mismo sufrido brete al
cual antes usted estaba sujeto, atado y bien atado.
Así que no nos compliquemos tanto, pues aun siendo hasta
cierto punto misterioso el hecho humano, no obstante todo es más sencillo de lo
que nuestra mente nos quiere hacer ver. Dejémonos pues, por ejemplo, de tanto
escribir la palabra “trascendencia” con mayúscula, mejor sería abogar por una
vida más sencilla, más en sintonía con nuestro humilde y común origen, este es,
una casual y momentánea emergencia de la nada. En resumen, no lo compliquemos tanto
todo, pues ya lo ven, al cabo se trata simplemente de ser buenas personas. De
no ser del todo mala gente, al menos. Por último, ya que algunos no van a tener
estas fiestas precisamente felices (por muy fundados motivos), por lo menos les
deseo a todos, con todo mi corazón, que tengan unas pacíficas navidades, y el
más pacífico año nuevo.
Ramón García Durán © 2015
El villancico Noche de Paz, cantado por el coro
de Santo Tomás de Leipzig. Maravilloso.
Otro estilo de villancico... Niña Pastori nos regala,
con toda su alma, la magia de las navidades
andaluzas por bulerías. Ole.
Carlos Saura, el gran cineasta, comprendió perfectamente
la belleza, sencillísima y a la vez arrebatadora, propia de
los villancicos de gloria, esos que aún se cantan en
las nochebuenas (noche de paz, noche de amor) de Jerez.
Fuentes de las fotografías:
https://talktomeaboutaustria.files.wordpress.com/2013/12/stille-nacht-kapelle-oberndorf-stadt-laufen.jpg
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/eb/Stille_nacht.jpg
https://aquevineadondevoy.files.wordpress.com/2014/12/navidad.gif?w=660


