miércoles, 23 de diciembre de 2015

Noche de paz

En el principio no había nada. No había espacio, tampoco había tiempo, porque esto era antes del tiempo. Por casualidad hubo una fluctuación… nació una existencia rudimentaria… Cosas extremadamente sencillas, salidas de la nada.

Cómo crear el mundo. Peter W. Atkins


La pequeña capilla de Oberndorf, Austria, en memoria del célebre
villancico Noche de Paz (Stille Nacht)


Todo es bastante más sencillo de lo que imaginamos. De hecho, si usted se da cuenta, la verdadera especialidad del hombre, aquello que con diferencia el Homo sapiens sabe hacer mejor, es complicarse la vida. A partir de lo cual llegamos a una conclusión interesante, esta es, que el problema de la humanidad, antes de ser político o económico, es esencialmente de orden psicológico. Y hasta que no veamos eso con toda claridad, hasta que no lo aceptemos con inteligente humildad, mientras no afrontemos con decisión (y a la vez con sumo cariño) esa mirada interna siempre postergada (ser humano, reconócete a ti mismo), no habrá manera: seguiremos mareando la perdiz con este o con aquel otro parche, seguiremos con nuestras buenas intenciones, con las cuales volveremos a empedrar el mismo infierno de siempre; seguiremos cambiando meramente los collares a los mismos perros, con idéntica esperanza en no se sabe qué milagro; seguiremos, sin duda, en las mismas, pero ya no por los siglos de los siglos, como suele decirse, pues no podría quedarle tanto tiempo a una especie tan negadora, tan inconsciente, o por lo menos tan rematadamente despistada como la nuestra.

Decididamente, nos complicamos la vida porque nuestra mente es demasiado complicada. Simplifique usted, pues, su mente o mentalidad, ese es el camino: simplifique o aligere al máximo su mente, esto es, permita que de ella caiga (por su propio peso, por su propio absurdo) todo lo sobrante, todos esos superabundantes pero completamente superfluos regodeos mentales que constituyen la más “normal” y corriente alienación humana (o dígase la más común insensibilidad del hombre), deje en el camino limpiamente, generosamente, todo eso que, desde nuestra mente humana, nos impide la paz, la paz para nosotros mismos, y para el mundo en general. Ese es el único camino, el camino de la consciencia humanizada, y todo lo demás son cuentos.

Autógrafo de Noche de Paz, por el compositor de su música,
Franz Xaver Gruber
Pues si usted lo mira bien, esencialmente son dos los elementos imprescindibles para la vida. Aparte de lo puramente físico (aparte del ADN, de los aminoácidos, de las mitocondrias y todo eso), lo verdaderamente indispensable para la vida humana son la paz, y el amor. Precisamente las dos cosas de las que nos hablan los populares villancicos, esos que todavía solemos escuchar, y quizás cantar en navidades. Y no, no es cuestión de concretas adscripciones religiosas, ni tampoco se trata de románticas tontadas. Al contrario, la verdadera tontería, la auténtica alienación humana consiste en pensar (¡dejen ustedes de pensar tanto!) que la paz y el amor son meras entelequias. Ese tipo de alegres convicciones son, ni más ni menos, las que nos llevan directamente a la guerra. Por el contrario, sepa usted que tanto la paz como el amor son realidades como puños, si se me permite así decirlo. Pues si hablamos de la paz, quien tiene paz para sí mismo sabe que ella es perfectamente posible. Y ahí está precisamente la clave, la condición para que la paz del mundo sea posible es permitirnos antes la paz para nosotros mismos, cada cual para sí mismo. No es fácil, lo sé, pero es nuestra responsabilidad: observe su mente (no como el inquisidor, sino con todo su cariño), y dese cuenta de que todo ese sufrimiento (no solo su melancolía, sino asimismo su sufrida ambición) al final da vueltas sobre una pura nada. Usted no se lo creerá, pero es así. Y no es una inhumanidad lo que le estoy diciendo ahora, al contrario, es la puerta de la liberación. O mírelo si acaso de esta otra manera: usted, o cualquiera, tiene el sagrado derecho de evitar que su mente le engañe, de impedir que ella le tenga en un continuo brete, que le traiga frito, que le reviente la vida, para decirlo ya del todo claro. Y en cuanto al amor, como esa quizás sea, paradójicamente, la palabra más prostituida del diccionario, yo prefiero usar el término compasión. ¿Cree usted que la compasión es asimismo un imposible, que se trata meramente de otro cuento chino? Pues compruébelo usted mismo: si usted observa los movimientos de su mente (con calma, sin opinar nada al respecto, simplemente obsérvela, sin más), entonces tarde o temprano se dará cuenta, para su sorpresa, de la inmensa trampa en la que estaba encerrado. Y a partir de ahí verá lo que le ocurre a usted: su consciencia se simplifica, se pacifica, se desprejuicia y se humaniza, e indefectiblemente se hace compasiva. Porque en ese mismo instante, usted igualmente cayó en la cuenta de que los demás siguen en la misma trampa, en el mismo sufrido brete al cual antes usted estaba sujeto, atado y bien atado.

Así que no nos compliquemos tanto, pues aun siendo hasta cierto punto misterioso el hecho humano, no obstante todo es más sencillo de lo que nuestra mente nos quiere hacer ver. Dejémonos pues, por ejemplo, de tanto escribir la palabra trascendencia” con mayúscula, mejor sería abogar por una vida más sencilla, más en sintonía con nuestro humilde y común origen, este es, una casual y momentánea emergencia de la nada. En resumen, no lo compliquemos tanto todo, pues ya lo ven, al cabo se trata simplemente de ser buenas personas. De no ser del todo mala gente, al menos. Por último, ya que algunos no van a tener estas fiestas precisamente felices (por muy fundados motivos), por lo menos les deseo a todos, con todo mi corazón, que tengan unas pacíficas navidades, y el más pacífico año nuevo.


Ramón García Durán © 2015






El villancico Noche de Paz, cantado por el coro
de Santo Tomás de Leipzig. Maravilloso.



Otro estilo de villancico... Niña Pastori nos regala,
con toda su alma, la magia de las navidades
andaluzas por bulerías. Ole.



Carlos Saura, el gran cineasta, comprendió perfectamente
la belleza, sencillísima y a la vez arrebatadora, propia de
los villancicos de gloria, esos que aún se cantan en
las nochebuenas (noche de paz, noche de amor) de Jerez.



Fuentes de las fotografías:
https://talktomeaboutaustria.files.wordpress.com/2013/12/stille-nacht-kapelle-oberndorf-stadt-laufen.jpg
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/eb/Stille_nacht.jpg
https://aquevineadondevoy.files.wordpress.com/2014/12/navidad.gif?w=660